• quevedo Los que de corazón se quieren sólo con el corazón se hablan.
  • La envidia va tan flaca y amarilla porque muerde y no come.
  • Las palabras son como monedas, que una vale por muchas como muchas no valen por una.
  • El valiente tiene miedo del contrario; el cobarde, de su propio temor.
  • El ánimo que piensa en lo que puede temer, empieza a temer en lo que puede pensar.
  • Aquel hombre que pierde la honra por el negocio, pierde el negocio y la honra.
  • No es sabio el que sabe donde está el tesoro, sino el que trabaja y lo saca.
  • Ruin arquitecto es la soberbia; los cimientos pone en lo alto y las tejas en los cimientos.
  • El consejo, bueno es; pero creo que es de las medicinas que menos se gastan y se gustan.
  • El amigo ha de ser corno la sangre, que acude luego a la herida sin esperar a que le llamen.
  • Lo mucho se vuelve poco con sólo desear otro poco más.
  • Todos los que parecen estúpidos, lo son y, además también lo son la mitad de los que no lo parecen.
  • Si quieres que te sigan las mujeres, ponte delante.
  • El amor es fe y no ciencia.
  • Nadie ofrece tanto como el que no va a cumplir.
  • Si haces bien para que te lo agradezcan, mercader eres, no bienhechor; codicioso, no caritativo.
  • Vive sólo para ti si pudieres, pues sólo para ti si mueres, mueres.
  • No hay amor sin temor de ofender o perder lo que se ama.
  • El general ha de ser considerado, y el soldado obediente.
  • El agradecimiento es la parte principal de un hombre de bien.

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